lun. Oct 18th, 2021

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Fuerzas Especiales en peligro por visores no idóneos para labores militares

La Fiscalía hizo una larga exposición sobre las irregularidades que rodearon el contrato por más de dos mil millones de pesos para la compra de los visores, están involucrados los coroneles Ariel Pongutá Ortiz, y Gustavo Adolfo Valbuena González.

Un perito del Ministerio de Defensa que examinó los equipos señaló que para ubicar el visor en el casco un uniformado muy experimentado podía demorar cinco minutos, con muy buena luz y en una situación de tranquilidad. Esto iba en contra de la realidad de la situación que viven los uniformados en el terreno de operaciones.

En los 52 visores examinados, dijo el perito,  no funcionaban las luces infrarrojas y en algunos casos el apagado de los sensores tampoco funcionaba. 

Además, no venían con las herramientas necesarias para su instalación y los manuales de funcionamiento eran fotocopias.

Los visores se empañaban, por lo que tampoco podían ser usados por unidades que saltaban de naves en las que la atmósfera iba a afectar el funcionamiento de los equipos.

La firma fabricante de parte de los visores señaló que fabricaron las piezas para uso en deporte de caza y solo para la venta en Estados Unidos y señaló que desconocía que habían terminado en las Fuerzas Militares de Colombia.

A los procesados, la Fiscalía les imputó los cargos de concierto para delinquir, contrato sin el cumplimiento de los requisitos legales, interés indebido en la celebración de contratos, falsedad material en documento público agravado, peculado por apropiación a favor de terceros y prevaricato por acción.

Durante la imputación de cargos contra 10 personas, entre militares activos y en retiro, y particulares por un caso de corrupción, se conoció la declaración de un experimentado comando de las Fuerzas Especiales que advirtió sobre el riesgo que generaba el uso de los visores nocturnos comprados.

Dieciséis de las unidades fueron entregadas a un curtido tirador de las Fuerzas Militares quien inmediatamente los probó y detectó que no servían y, además, ponían en riesgo a los uniformados que iban a estar en la primera línea de combate.

El uniformado dijo que los equipos no se ajustaban a los cascos de las fuerzas especiales y tenían que cargarlos colgados en el cuello y cuando los necesitaban tenían que sostenerlos con la mano para observar, teniendo que soltar el fusil de asalto que portan en las operaciones más peligrosas contra objetivos de alto valor.

Según El Tiempo, el uniformado dijo que desde el comienzo manifestó que los equipos eran inseguros y que no tenían la altura adecuada para ajustarse a los cascos y a los ojos de los uniformados.

Añadió que finalmente solo los usaron para entrenamiento y no en operación, y que siempre los sostenían con la mano o colgados al cuello.

Dijo que en un salto de una nave esos equipos de podían desprender y golpear a los uniformados en plena caída ocasionando accidentes o incluso podrían terminar generando choques de los uniformados en el aire, mientras descendían en plena operación.

Informo El Tiempo que la Fiscalía cuestionó compra realizada en 2017 de equipo militar que no era idóneo para uso en el país.

“No funcionaban las luces infrarrojas y en algunos casos el apagado de los sensores tampoco funcionaba”



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